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San Martín de Corrientes jugó una semifinal ideal y se metió en la definición de la Liga Sudamericana Direct TV en su primera experiencia internacional. Brillante.

Por Carlos Altamirano

Quizá por encima de su nivel, pero no de sus expectativas. Tal vez con un dejo de sorpresa, lo que no quita un gramo de merecimiento. Puede que San Martín se haya presentado a su primera experiencia internacional con moderación, silbando bajito. Pero absolutamente nadie dudaba de sus cualidades. Y ellos menos.

En los 20 años de Liga Sudamericana pocos equipos se han ido de Brasil con una sonrisa. Y la primera fase de los correntinos fue perfecta. Le ganó cómodamente a Trouville de Uruguay, marcó serias diferencia ante Deportes Castro de Chile, y potenció su ambición al vencer a Mogí das Cruzes en su casa, ejecutando un plan perfecto, con ideales creados por Sebastián González en la temporada pasada. Es que sí, de eso se trata: identidad programada. Un sello, un estilo. Intensidad sofocante que no baja decibeles por la genial rotación, muchos juego de campo abierto para generar altos porcentajes vía buena selección de tiros, y compromiso.

Es cierto: en la LNB no la pasó bien San Martín. Noviembre fue un mes complicado. Récord negativo, derrotas duras en su casa y dudas. Corte de Jhon De Groat. Pero tuvo reacción: ganó sus últimos tres juegos (dos en la ruta) y viajó a Venezuela con otra cabeza. Y allí, hizo historia.

Acierto: fichar a un nuevo extranjero teniendo un estilo de juego tan definido no es fácil. Pero el acople de Georgiev Yanev fue perfecto, sin fisuras (12,7 puntos de promedio con 75% en dobles, 50 en triples y sin fallas en la línea). Acierto: ante el dolor de cabeza por la lesión de Ramiro Iglesias, volvió a dar en la tecla. Enzo Cafferata rindió a pleno como sustituto de Diego Ciorciari. Su energía para mantener la intensidad no estaba en tela de juicio, pero su juego ofensivo fue buenísimo. El resto, materia conocida: Wood descomunal (18 puntos y 9 rebotes de media con un altísimo 69% en tiros de campo), Gerlero consistente, Lescano mental, Bolívar y O´Bannon letales, Fierro rendidor y Bortolín certero en los dos costados de la cancha.

Guaros de Lara llegaba a la semi como candidato, con más de la mitad de la selección venezolana campeona en México hace dos meses, incluido el cuerpo técnico. Quizá su falta de rodaje (aún no inició la LPB) le haya jugado una mala carta, pero talento y planificación le sobraba. Recostado sobre el nuevo género que el Che García impuso en la Vinotinto, pocos creían que se le podía escapar su boleto a la final del torneo. Pero San Martín fue crudo, lapidario: jugó tres partidazos, con los dientes apretados atrás y excelente lectura y reparto de goleo adelante (88 de promedio con 63% en dobles y un óptimo 45 de 99 en triples en los seis partidos de LSB).

Y ya. Sin vueltas: San Martín hizo historia. Invicto, tendrá la ventaja deportiva en la serie final ante UNICEUB de Brasilia. La ilusión de ser campeón es incluso más grande que el corazón del equipo.

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