Mr. Oficio

Javier Martínez anunció que se retira cuando termina esta Liga. Su oficio, experiencia y calidad lo mantienen en alto nivel. El relato de Carlos Altamirano sobre el jugador de Regatas.

Por Carlos Altamirano.

Situación límite del partido. Iniciará la acción ofensiva con un pase y emigrará al poste medio. No le importará si quien lo defiende es más alto, más rápido o más fuerte. Simplemente jugará hasta que sea el momento de girar (siempre hacia la derecha), lanzar y anotar. Lo hará una y otra vez, destrozando horas de scouting. Cuando le doblen la defensa, leerá de dónde viene la ayuda y sabrá cuándo y a quién pasarle el balón para aprovechar la ventaja.

Situación límite de partido. Se hará cargo de la pelota. Pedirá un pick directo. Le pasarán por detrás, y meterá un triple. Le harán un step mortal, y lo castigará con un pase que provoque espacios. Le negarán el balón, pero se las ingeniará para jugar sin él. Le cambiarán la defensa, y se burlará del grande con su picardía.

Situación límite de partido. Habrá espacios para correr. Empujará. Se irá hacia un costado. Mirará el contexto. No se equivocará en la elección: habrá, seguro, una bandeja o un tiro cómodo. O congelará el cuento un par de segundos hasta que, en transición, note dónde poner el balón.

Situación límite de partido. Sabrá si acelerar o frenar. Manejará los climas a su antojo. Desafiará a quien quiera acorralarlo. Hablará. Hablará con la mirada. Hablará con muecas. Gritará con sus detalles.

Situación límite de partido. Comprenderá que su físico lo limitará. Usará su astucia. Llevará a su oponente a una decisión incómoda. Estará en el lugar indicado para bajar un rebote. Estará pegado a su pivot para marcarle el primer pase. Demostrará que sólo tipos con su escencia, lectura y cojones puede picar la pelota más de 15 segundos. No jugará muchos minutos. Se adueñará del partido, ejecutará a su rival. Pues en los tiempos que corren, donde el atletisismo, la intensidad y la voracidad se apoderan del básquet, él acudirá a su velocidad mental para ratificar, una y otra vez, que la vieja escuela no morirá. No mientras él prolongue su retiro.

Lo amarán en su club. Lo odiarán en todos los demás. Se llamará Javier Martínez. Dejará una huella en la Liga Nacional. Una profunda. Una inmortal.

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