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El Gallego en Río (Parte 6)

Ya pasaron varios días en Brasil y Fabián Pérez nos envía otra edición del diario de viaje. El Gallego En Río, la Selección y la salida con su hijo.

Por Fabián Pérez

Si digo que Río es una ciudad fantástica, no descubro nada nuevo. Quizás no sea la mejor para organizar un evento de semejante magnitud. Pero ese análisis quedará para otro momento.

Copacabana es un lugar muy bonito. La playa, el mar, los bares , la música y el clima, aún en invierno, lo hacen realmente bello.

Si a todo esto lo combinamos con el básquetbol y con los amigos, el combo es ideal. Pasaron ya unos cuantos días de la última vez que nos comunicamos por esta vía y se hace complicado poder contarles todo y de un solo tirón.

Podemos hablar de muchas cosas. La clasificación de Argentina por cuarta vez consecutiva en un JJOO a cuartos de final, los días de playa, los viajes al Parque Olímpico con García, de las cenas que nos prepara Marcela, mi mujer, y de las salidas con la banda del Centro Galicia, y mucho más. Pero no. Les quiero contar una experiencia única, casi irrepetible, que estoy viviendo con mi hijo menor, Joaquín.

Los dos compartimos la misma pasión por el deporte. Bah, por suerte en mi casa, todos disfrutan y viven el deporte de una manera muy especial. Pero con Joa, es diferente. Por suerte juega al basquetbol, y lo hace relativamente bien.
Esa pasión nos une y mucho. Compartir un abrazo en la cancha, verlo gritar, saltar, emocionarse hasta las lágrimas, es realmente para mi fuerte.

La noche se asomaba por Copacabana y con ella la hora de ir a cenar. Hacia allí fuimos los tres Marcela, Joa y quien escribe. Una vez terminada la cena, siendo ya la una de la mañana y llegando a nuestra morada, pregunte, “ ya nos vamos a dormir?“…Marcela dijo “si, no doy más”, y siguió su camino. El enano no dijo nada, y a mi salió lo siguiente: “salimos Jo?“.

Su cara de asombro fue tremenda, pero con una sonrisa enorme, me tiro,”si vos te la bancas, dale”. Jajaja, me encantó. Así allí fuimos. Por dentro pensaba, “grande enano“. Iba a ser el comienzo de una gran e inolvidable noche.
Caminamos un par de cuadras, hablando de la Selección, de Brasil, de la vida… y era con mi hijo!! Lo recuerdo y se me llenan los ojos de lágrimas. Avanzamos unas cuadras, y ya en la zona de los bares, nos metemos en uno muy lindo. Yo voy al baño y le digo a Joa, “te pedís algo?”. Regreso. “Esta bien así gordo“, me dice. Si, perfecto contesto!.

Acto seguido salimos a la calle, cosa común por estos lares, y seguimos conversando. Al rato se acercan dos Argentinos, uno era Diego Brazzale, ex jugador, compañero del Chapu en Racing, y un amigo. Charlamos, contamos anécdotas y compartimos la misma pasión.

La verdad, fue una noche increíble. Pasar una salida con mi hijo en este momento de mi vida, me hizo pensar un poco, que todo no es tan malo.

Pegamos la vuelta. Ya eran la cuatro, o cinco de la mañana. Caminamos un par de cuadras en silencio. Como repasando la situación. Y de repente, el enano me para, y me dice, “pa, me das un abrazo?, “si bolu, como no”, contesto. “Gracias, fue una noche increíble“, me dice, con lágrimas en los ojos. Seguimos caminado. Entramos al departamento, se tira en su cama, y veo que saca algo del bolsillo, y le pregunto, “que te guardaste?”…”las chapitas de tu cerveza y mi gaseosa, me dice, quiero tener un recuerdo de esta salida, nuestra primera salida, pa“.
Infle el pecho, me emocioné y me fui a dormir…y créanme, tuve el mejor de los sueños.

Captura de pantalla 2016-08-03 a las 12.18.01 p.m.

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