Campazzo y el efecto afrodisíaco

El base argentino se ha transformado en el dueño de la Selección Argentina. El equipo necesita su impronta y él adora la presión. El efecto Campazzo.

Por Carlos Altamirano

Hay algo que muy pocos jugadores provocan: la sensación de que cuando tienen el balón en sus manos algo diferente va a pasar. Sin importar el momento del partido. Sin importar cuán genial haya sido el scouting del rival. Sin importar, siquiera, quién es, precisamente, el adversario. Serán más altos, más fuertes o más rápidos. Pero él estará preparado, con sus herramientas inagotables, para hacer algo distinto.

Facundo Campazzo. De él se trata el cuento. De un flaco que con 178 centímetros se ha transformado en el dueño de la selección argentina. Sí, el oficio de Manu está intacto. Sí, el liderazgo vocal de Scola es irremplazable. Sí, sin Nocioni el equipo no respira. Pero Facundo es el dueño del equipo. Campazzo ha conseguido instrumentos físicos y técnicos que se acoplan al básquet moderno: su forma de empujar el balón, su verticalidad incansable, su agresividad con el aro, su freno al profundizar para generar espacios, su pase. Pero manifestar sus detalles ofensivos sería expresar sólo un porcentaje de sus cualidades. Pues hay una que no se refleja en los números finales de cada juego, y suele ser verdaderamente clave para el equipo: su magnífica defensa en la primera línea, presionando el balón o dejando sin recursos a bases rivales cuando se despojan de él. Su forma de burlarse de los bloqueos directos usando picardía, tobillos y cintura. Desde esas acciones, la Argentina ha sacado infinidad de provecho. Provoca posesiones largos, mala selección de tiro y, en el mejor de los casos, robos que permiten anotar de contra.

Pero hay algo que lo hace elite: su cabeza. Disfruta los momentos límite, necesita la pelota cuando más caliente está la historia. Se equivocará. Se meterá en problemas. Cerrará mal algunos partidos. Se golpeará la cabeza contra la pared, una y otra vez. Es parte del proceso de crecer. Pero irá, con sus formas como bandera. Y aunque suene exagerado, ha quedado demostrado que la selección necesita de su impronta para generar y no morir en el intento. Campazzo adora la presión. Sí, es su afrodisíaco.

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